Santa Rita

 

Santa Rita es una de las los santos más populares y es objeto de una devoción popular extraordinaria porque es muy querida por la gente, que la siente muy cercana por la “normalidad” de la existencia cotidiana que ha experimentado, en primer lugar como esposa y madre, y luego viuda y finalmente como monja agustina.

Joven fue hecha casar/ Muy joven fue dada en matrimonio a un hombre irascible y brutal con el que tuvo dos hijos, sin embargo, con su tierno amor y la pasión que logró convertir el carácter de su marido y hacerlo más dócil. Su marido fue asesinado y en poco tiempo incluso los niños lo siguieron a la tumba.

Pero ella nunca se entregó a al dolor, a la desesperación, el resentimiento o el deseo de venganza, más bien logró, de una manera heroica, a sublimar su dolor a través del perdón de los asesinos de su esposo. Trabajó sin descanso para conciliar la familia de su marido con los asesinos, interrumpiendo así la espiral de odio que se había creado.

Entró en el convento donde vivió los últimos 40 años de vida en la contemplación asidua, la penitencia y la oración, completamente dedicada al Señor.

Santa Rita, 15 años antes de morir, recibió la rara “espina” de aquél llaga que estaba impreso dolorosa obre la frente, que le procuró continuamente terribles dolores y sufrimientos inauditos de la coronación de espinas.

Oración para los casos desesperados

Oh poderosa Santa Rita, llamada Abogada de los casos desesperados, socorredora en la última esperanza, refugio y salvación en el dolor, que conduce al abismo del delito y de la desesperación: con toda la confianza en tu celestial poder, recurro a ti en el caso difícil e imprevisto que oprime dolorosamente mi corazón.

Dime, oh Santa Rita, ¿no me vas a ayudar tu?, ¿no me vas a consolar? ¿Vas a alejar tu mirada y tu piedad de mi corazón, tan sumamente atribulado? ¡Tú también sabes lo que es el martirio del corazón, tan sumamente atribulado! Por las atroces penas, por las amargas lágrimas que santamente derramaste, ven en mi ayuda. Habla, ruega, intercede por mí, que no me atrevo a hacerlo, al Corazón de Dios, Padre de misericordia y fuente de toda consolación, y consígueme la gracia que deseo (indíquese aquí la gracia deseada). Presentada es seguro que me escuchará: y yo me valdré de este favor para mejorar mi vida y mis costumbres, para cantar en la tierra y en el cielo las misericordias divinas.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.