Francisco y Jacinto tenían un hermano, Juan, del que se sabía muy poco hasta ahora….

Fátima y el Padre Pío están relacionados por el gran amor y devoción que el santo de los estigmas tenía hacia esta advocación de la Virgen. De hecho, la imagen peregrina original estuvo presente en San Giovanni Rotondo, produciéndose una curación milagrosa del fraile capuchino.

Durante estas semanas, aquella misma imagen de la Virgen de Fátima ha estado en el monasterio del Padre Pío. Y también en este momento se ha vuelto a conocer otra relación entre el santo y Fátima.

El hermano de San Francisco y Santa Jacinta, devoto del Padre Pío

En un reportaje para Padre Pío TV, Jacinta Pereiro Marto, la sobrina de los santos Francisco y Jacinta, ha asegurado que su padre era un gran devoto del Padre Pío, y que en su cartera siempre llevaba una estampa del santo de Pieltrecina.

Su padre no era otro que Juan Marto, el quinto de los siete hijos que tuvieron Manuel y Olimpia, y que estaba justamente por encima de Francisco y Jacinta. De hecho, estuvo en una de las apariciones con sus hermanos pequeños y  su prima Lucía, aunque  él no pudo ver nada.

Presente en una de las apariciones

Juan tenía 11 años cuando se produjeron las apariciones y falleció en el 2000 a los 94 años, 15 días antes de la beatificación de sus hermanos. No se sentía digno para ir a aquella ceremonia ni para saludar a Juan Pablo II, que presidió aquel importante acto.

En muchas ocasiones, Juan había contado que él estuvo presente en la cuarta aparición que se produjo en los Valiños y no en Fátima puesto que los pequeños habían sido apresados con el objetivo de revelar el secreto. “Yo estaba con ellos en los Valiños. Pero yo no vi nada”.

Este joven fue el último superviviente de los hermanos Marto y vivió en la casa donde nacieron Jacinta y Francisco. Poco antes de morir recordaba que sus hermanos “eran chiquillos normales, chiquillos absolutamente normales”. Quizás por esa normalidad, “nosotros no les creíamos” hasta que se produjo el conocido como milagro del sol el 13 de octubre de 1917, cuando el sol danzó ante decenas de miles de personas.

Juan lloró mucho tras la muerte de sus hermanos

Jacinta, hija de Juan, recuerda que su padre no acudió al milagro del sol como si hicieran sus abuelos y otros familiares y “se quedó en casa porque tenía miedo a morir”.  Un rumor que corría en este tiempo entre adultos y niños era que “si el milagro del sol no sucedía, toda la familia moriría”.

Con apenas 11 años a Juan le costaba entender todo lo que estaba sucediendo alrededor pero que después de la muerte de sus hermanos Francisco y Jacinta “mi padre decía que lloró mucho, mucho”, recuerda su hija, “porque vio que todo lo que decían estaba sucediendo”.

“Mi abuelo siempre creyó”

Francisco y JacintoHablando de sus abuelos, los padres de los santos, asegura que al principio ellos tampoco entendían nada. En aquel entonces “pensaban que sus hijos eran un poco diferentes a los demás, pero no sabían exactamente de qué forma” pero, no obstante, “mi abuelo siempre creyó”.

“Jacinta fue la primera en decir que Nuestra Señora se había aparecido y cuando le preguntaban a mi abuela por el tema siempre respondía: ‘Mis hijos no son unos mentirosos, yo los he educado, por lo tanto, si dicen que la vieron, yo creo que sí la vieron”.

A pesar de que su abuelo nunca vio a la Virgen, su nieta Jacinta recuerda que “estuvo en algunas apariciones y aunque decía que no veía nada, si se percataba de que algo sucedía. El decía que escuchaba un sonido, como de una abeja dentro de un cántaro, de un recipiente. Pero el milagro del sol él si lo vio. Así que, si ya creía antes, siguió creyendo”.

Todo como un don de Dios

Juan siguió como pastor toda su vida en su pueblo y hasta trabajó como peón de albañil para construir el santuario donde él antes jugaba con sus hermanos ahora santos. Nunca dejó atrás la humildad ni su fe sabiendo que todo era un don de Dios.

Y así es como lo define su hija Jacinta, sobrina de estos dos videntes: “Toda la familia, mis abuelos y mis padres, todos nosotros, siempre lo hemos aceptado como un don de Dios. Dios escogió a mis tíos porque así lo quiso. Tanto, que mi abuelo decía que la Virgen quería venir a Fátima y había escogido a sus hijos, pero que  nosotros no merecíamos nada. Por lo tanto, nosotros siempre lo hemos vivido con mucha sencillez porque Dios ha escogido y escoge a quien quiere”.

Fuente: Aleteia