Santa Bernadette, halló consuelo en su sufrimiento volviendo sus ojos a Cristo:
“Oh, Jesús, Jesús”, rezaba, “ya no siento mi cruz cuando pienso en la tuya”.

Si tú también estás sufriendo, reza este fragmento de una de sus oraciones:
“Deja que el crucifijo no esté sólo en mis ojos y en mi pecho, sino en mi corazón.
¡Oh, Jesús! Libera todos mis afectos y elévalos a lo alto.
Deja que mi corazón crucificado se hunda para siempre en el tuyo y se entierre en la herida misteriosa causada por la entrada de la lanza“.