El demonio EXISTE ¿Cómo protegernos?

Mucha gente cree que el demonio no existe, que el infierno no existe… Pues están equivocados. Cristo lo repite por activa y por pasiva en el Evangelio.

Ocurrió durante las fiestas del Carmen en mi parroquia. Llega una madre con sus hijas para ver a la Virgen. Una de las niñas, la mayor, me miraba con una cara extraña. Siempre que llega gente a la parroquia los bendigo. Cuando fui a bendecir a una de las pequeñas, de unos 7 años, la niña comienza a retorcerse y llorar como un demonio aterrado, como  si le estuvieran pegando una brutal paliza. Horas después, comienza la fiesta del Carmen y la madre estaba con sus hijas en una mesa tomando algunas tapitas. Hablo con una de mis feligresas y le digo: “Mójate las manos en el agua bendita y acércate a  aquella pequeña y tócala en el hombro”. Así lo hizo. En el momento en que toca el hombro con el agua bendita la niña comienza de nuevo a retorcerse como un demonio… Ese día pude hablar con la familia de la pequeña y me ratificaron como la niña les hablaba de que un ser muy feo y extraño no la dejaba en todo el día. Y que esa presencia misteriosa hacía que la pequeña tuviera repugnancia por todo lo sagrado. ¿Sabéis lo que me vino a la memoria? Todos los casos de posesión que cuenta el padre Amorth en sus libros, los cuales recomiendo a todos. Leedlos lo antes posible y entenderéis muchas cosas.

Santa Faustina Kovalska nos dice que cuando el Señor le dio la gracia sobrenatural de la visión del infierno, la mayoría de las almas que el demonio había llevado hasta allí eran las que no creían en el demonio ni en el infierno.

El demonio como león rugiente no descansa, nos dice la Sagrada Escritura. Satanás y sus secuaces nos quieren privar de la felicidad verdadera, de la paz de Dios. Es por ello que nosotros tenemos que estar protegidos contra el maligno. Hay que tener mucho cuidado, porque el demonio al tener inteligencia angelical sabe más que nosotros. Nadie se imagina lo peligroso que es ir a brujos, hechiceros, hacer la ouija, lectura de cartas o manos… Es el demonio el que está detrás de todo, y la persona que se acerca a estas cosas debe ir rápidamente a confesarse con un sacerdote para romper todas las ataduras que haya podido poner el diablo.

¿Cómo nos protegemos del demonio?

En primer lugar con el estado de gracias. Es decir, una persona que se confiesa con un sacerdote frecuentemente, asiste a la Santa Misa, adora al Santísimo, reza el Rosario… Está protegido contra las asechanzas del enemigo. También es muy importante tener agua bendita y exorcizada en las casas, llevar una medalla de la Virgen o un crucifijo bendecido, el tener la cruz o medalla de San Benito bendecidas… Y por supuesto invocar al Arcángel San Miguel:

¡Augusta Reina de los cielos y maestra de los Ángeles! Vos que habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de satanás, os pedimos humildemente, enviéis las legiones celestiales para que bajo vuestras órdenes, persigan a los demonios, lo combatan en todas partes, repriman su audacia y los rechacen al abismo. ¿Quién como Dios? ¡Oh buena y cariñosa Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre!, enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar muy lejos de nosotros al cruel enemigo.Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos, guardadnos.

Arcángel San Miguel ¡Quién como Dios! Defiéndenos en la batalla, ampáranos contra la perversidad y acechanzas del demonio. ¡Reprímale Dios!  Te pedimos suplicantes; y tu príncipe de la celestial milicia, arroja al infierno con el divino poder, a satanás y los demás espíritus malignos que vagan por el mundo y los aires para perder las almas. Glorioso Arcángel, defiende a España y su Iglesia y protege al Papa, nuestro pueblo, nuestros hogares… para que podamos ver pronto el glorioso triunfo de los Corazones de Jesús y María. Amén.
El Catecismo de la Iglesia Católica también nos lo dice:

La caída de los ángeles

391 Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali (“El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”) (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800).

392 La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta “caída” consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros padres: “Seréis como dioses” (Gn 3,5). El diablo es “pecador desde el principio” (1 Jn 3,8), “padre de la mentira” (Jn 8,44).

393 Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina lo que hace que el pecado de los ángeles no pueda ser perdonado. “No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte” (San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, 2,4: PG 94, 877C).

394 La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama “homicida desde el principio” (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4,1-11). “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo” (1 Jn 3,8). La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios.

395 Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños —de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física—en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero “nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8,28).

Las Armas del Demonio

El demonio y sus ángeles, como decíamos anteriormente nos atacan constantemente. Y tienen unas armas muy concretas para hacernos descender al infierno. Estas armas es muy importante que las conozcamos para poder reconocer cuando el demonio está haciendo de las suyas y sobre todo a la hora de ir a confesarnos. Si aprendes la palabra que ahora te diré siempre tendrás clarísima la doctrina de los siete pecados capitales con los que el demonio nos ataca. La palabra es SALIGEP:

Soberbia
Avaricia
Lujuria
Ira
Gula
Envidia
Pereza

Aquí está la base de todos los pecados que existen, y por ello, nuestro campo de batalla. Quien deja de luchar ya está vencido, por ello manos a la obra, que el tiempo es oro.