El Padre Sergio, nos cuenta que en una ocasión se levantó muy contento de la cama, para ir a celebrar en la parroquia, llegó temprano a su cita con el Señor y su pueblo, recuerda que al terminar la Misa, unas señoras le dijeron al Padre si podía confesarlas, al ver que eran tres aceptó, pero comenzaron a llegar más y más, levantándose tres horas después, con hambre, sed y ganas de descansar un rato.

Al terminar, se topó con una señora que le pidió celebrar la Eucaristía de padre, que había fallecido un día antes, el sacerdote solo pensó: “Señor, sí que quieres que trabaje en tu nombre hoy, te pido sólo que le des paz a mi estómago”.

Al terminar la Eucaristía del señor, tomó un taxi a su casa, para desayunar y recostarse un poco, cuando disponía comerse un sándwich, un hermano llegó a decirle: “Te buscan, el párroco se enfermó y no hay quien celebre misa de una…” De inmediato salió su humana debilidad y brilló dentro de él un reclamo a Dios: “Pero Señor estás viendo que todavía ni desayuno… Con gusto voy pero después, dame un poco de tiempo… o mejor aún manda a otro cura”.

Pero al fin de su reclamo, el cura escucho como claramente Dios le decía: “El día de tu ordenación me dijiste que te entregarías completamente a mí y a mi pueblo… además ve a esta misa, te tengo una sorpresa”. Le mordió rápido a su sándwich y fue a misa francamente enojado, se puse en camino más por obligación que por ganas.

Pero en cuanto entró a la sacristía y le revestía su enojo comenzó a bajar, se acercaron unos esposos a decirle: “Padre, nuestra hija se intentó quitar la vida hace un mes y hemos logrado que venga a misa, póngala en sus intenciones por favor”. Ahí comprendió que esa era la sorpresa de Dios, hablarle a esa hija suya que estaba en tanta necesidad. Pues el evangelio de ese día era justo para esa muchacha: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”.

Al terminar la santa misa, se acercaron los esposos, con la joven llorando quien lo abrazó y le dijo: “Padre, me hacía tanta falta escuchar todo lo que ha dicho, necesito tanto de la ayuda de Dios, me he alejado tanto de Él, ahora sólo quiero estar delante de Él y pedirle que me ame y me ayude a seguir adelante…” Cuando la joven lo abrazó escuchó el susurro de Dios: “Te necesitaba en esta eucaristía, por eso hice que vinieras, no lo pude haber hecho sin ti”.

Jesús de una u otra forma se las ingenia para llegar a donde lo necesitan, la joven que intentó suicidarse ahora es la más puntual en misa de una, Dios cambió su vida, desde aquel día el padre comenta que cuando se siente cansado o enojado por el exceso de trabajo, solo piensa: “Anda, dale, ve a misa y vívela como tu primera y última misa, Dios te necesita”, -Y parece que Dios me contesta: Tranquilo, ve, yo celebraré en tú lugar, préstame sólo tus manos y tu boca…”