Medjugorje: de vuelta a casa, no había rastro del tumor

Medjugorje
Fuente foto: lalucedimaria

Miguelita D. Espinosa es originaria de Filipinas. Ya era madre de tres hijos cuando descubrió ser enferma de cáncer.
En julio de 1988 su enfermedad ya estaba en estado avanzado, pero fue a Medjugorje: “No tuve la fuerza para escalar el Krizevac, pero decidí ir tan lejos como pude. Extraño! No me cansé como hubiera pensado.

Tomé parte en la decimosegunda y decimotercera estación como si hubiera sentido todo el peso de la pasión en mí. Esto me dio la fuerza para decir: Señor, estoy en tus manos, hágase tu voluntad en mí. Al instante me sentí invadida por el miedo (pensando en su marido y sus hijos). Tuve que decir: Señor, sé que están en tus manos, María, sé que son tuyos.

Medjugorje: después de tanto miedo, confié y sané.

Lentamente me di cuenta de que tenía miedo de la muerte y que temía por mi familia. Descubrí que no confiaba. En este punto, la paz entró en mi corazón. Por mucho tiempo estuve cerca de la cruz, sin palabras y con lágrimas en los ojos. Volví a la iglesia. Participé en la Misa de la tarde. No me sentía cansada, ya no pensaba en la salud y no oraba por ella. Mi alma estaba en paz y llena de alegría. Vuelta a casa, les pedí a mis colegas médicos de visitarme. Con gran estupor, me dijeron: “Señora Miguelita, los resultados de esta visita no coinciden con los anteriores. Eres una persona perfectamente sana. ¿Qué pasó? “. Fui a ver a la Virgen de Medjugorje.”

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