Milagro eucarístico: la hostia se convierte en el Niño Jesús

Lalo

Un monje fue asaltado por ciertas dudas acerca de la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados. Durante la Misa, luego de la consagración, en vez del pan, apareció el Niño Jesús. En esa misma Misa estuvieron presentes otros tres monjes que tuvieron la misma visión.

La hostia se convierte en el Niño Jesús

En los Dichos y hechos de los Padres del Desierto, encontramos la descripción de un antiquísimo Milagro Eucarístico. Cuenta el padre Daniel el Faranita que “nuestro Padre Arsenio nos decía que un monje de Scete, que era muy laborioso pero poco cultivado en lo concerniente a la fe, decía por ignorancia: “el pan que comemos no es realmente el Cuerpo de Cristo, sino sólo un símbolo”. Dos ancianos oyeron esta afirmación y sabiendo que era un hombre piadoso y bueno, pensaron que hablaba sin culpa y por ignorancia. Decidieron ir a su encuentro y le dijeron: “padre, hemos escuchado que hay uno que dice una tesis contraria a la fe: “el pan que recibimos no sería realmente el Cuerpo de Cristo, sino sólo un símbolo”. Dijo el anciano: “¡soy yo que lo digo!”. 

Entonces, comenzaron a exhortarlo: “tú no debes creer en eso, sino en aquello que nos ha enseñado la Iglesia Católica. Nosotros creemos que este pan es el Cuerpo de Cristo y este cáliz es la Sangre de Cristo, es una realidad y no un símbolo”. […] Pero el anciano respondió: “si no sucede algo que me convenza, no creeré”. Los dos padres le dijeron: “rezaremos esta semana a Dios sobre este misterio, y creemos que Dios nos lo revelará”. […] Cumplida la semana, el día domingo, fueron todos a la iglesia y se ubicaron lejos del resto; el viejo estaba en medio de los otros dos monjes, sobre una grada. Entonces, sus ojos se abrieron: en el momento en el que fue depositado el pan del sacrificio, sólo ellos tres pudieron ver que en vez del pan aparecía un niño. 

Cuando el sacerdote estaba por partir el pan, bajó del cielo un ángel del Señor que con una espada inmoló al niño y vertió su sangre en el cáliz. Cuando finalmente el sacerdote fraccionó el pan en pequeños pedazos, también el ángel partió al niño en pequeños pedazos. Luego, los tres se acercaron para recibir los santos dones y al viejo se le ofreció carne empapada de sangre. Ante esta visión, sobrecogido de terror, gritó: “!creo, oh, Señor que el pan es tu Cuerpo y el cáliz es tu Sangre!”. Inmediatamente la carne tomó apariencia de pan, según el misterio, y así pudo comulgar dando gracias a Dios”. 

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