NOVENA A LA GLORIOSA SEÑORA SANTA ANA Madre de la Virgen- Octavo Día –

Por la Señal…
Adoración y acto de contrición.

OCTAVO GOZO: SUBIR AL CIELO CON CRISTO
Considera, alma mía, cuán grande sería el gozo y la alegría de la Señora Santa Ana, y cuán su gloria sin medida, cuando su alma bienaventurada subía al Cielo en compañía de su santísimo Nieto. En el día de la Ascensión, llevó Cristo consigo, como fruto de sus victorias, a los cautivos que del seno de Abrahán había rescatado. Los más seguirían su triunfal carroza como siervos, pero ¿quién duda que haría el Señor especial honra a su abuela felicísima en aquel día? José era virrey en Egipto, y Jacob un pobre pastor. Quiso José que sus hijos, nietos de Jacob, venerasen con respeto al santo y viejo abuelo. ¡Y cómo es posible, y creíble, que Cristo Redentor se olvidase de las atenciones que Él encomienda a hijos y nietos, y se olvidase de darlas a su abuela! Por eso, los Cantares preguntan quién es la venturosa alma que sube de este mundo, recostada sobre su amado. O como reza una leyenda sobre su nieto: ¿Quién ha de ser sino el alma de nuestra gloriosa santa, la que reclinada en su amoroso Nieto, sube triunfante al Empíreo? Bienaventurada santa, que subís con tanta gloria, dadme licencia para que celebre vuestra alegría, y con vivas aclamaciones, siga en espíritu vuestro triunfo. Y ya que con él, dice la Escritura, repartió vuestro Nieto santísimo dones a los hombres, encaminad para mí los que yo necesito, especialmente los que os tengo recomendados.

OCTAVA VIRTUD: HUMILDAD PROFUNDA
Pondera, alma mía, cuán profunda fue la humildad de nuestra santa. Era descendiente de la casa real de David, y se trataba a sí misma como persona muy común. Tenía dones muy especiales de Dios Nuestro Señor, y soportaba, con conocimiento profundo de su vileza, la opinión que corría en el pueblo de que era reprobada del mismo Dios. ¿Veis aquí por qué el Señor la levantó a tan alta gloria, y cómo abatió a los soberbios? Por eso, Dios se allegó tan cerca de nuestra santa, que se hizo no sólo pariente suyo, sino su mismo Nieto. Bien se cumplió en ella, aquello de que los humildes son ensalzados, porque, por su humildad, nuestra santa fue exaltada y elevada al Cielo junto al mismo Cristo. Oh, poder grande de la humildad, que atraéis a Dios hacia el humilde, siendo Dios tan alto. Y levantáis al humilde hasta Dios, siendo el hombre tan bajo. Y tú, alma mía, ¿de qué te ensoberbeces a vista de tanta humildad? Si un monte tan elevado como Santa Ana, se abate tanto delante de Dios y de los hombres, el polvillo rastrero de la tierra que eres tú, ¿cómo presume subir y levantarse? Ayudad, santa humildísima, éste mi propio conocimiento, el de mi nada, para que de allí pase a mis acciones, y no venga yo a perder por la soberbia vuestro favor y patrocinio, y menos aun el de Dios.

Rezar un Credo, Padre Nuestro y Ave María. Luego decir 3 veces: “Santa Ana, socorred a los miserables”.

ORACIÓN PARA PEDIR LA GRACIA QUE SE DESEA OBTENERGloriosísima Señora Santa Ana, madre de la Madre de Dios, poderosa intercesora nuestra y refugio seguro de los que a vos recurren. Yo me gozo en tu honor. Estimo que sea tanta vuestra excelencia, tan sublime vuestra dignidad, y vuestro poder tan admirable, que no puedan dejar de ser también entrañas de piedad y misericordia las vuestras, pues engendraron a la Madre de Misericordia. Por eso recurro a Vos, confiado, pidiéndoos de todo corazón me recibáis bajo vuestro amparo. Alcanzadme Fe viva, Esperanza firme y Caridad perfecta, pureza de alma y de cuerpo, devoción cordial a vuestra santísima hija: la Virgen María Señora Nuestra, deseo eficaz de servir a Dios, dolor muy verdadero de haberle ofendido y propósito de enmienda. Haced que este propósito me acompañe hasta la hora de mi muerte, y en ella alcanzadme victoria contra las tentaciones del demonio y la gracia de la perseverancia final. También os pido que empeñéis vuestra especial intercesión para que consigáis la merced que de vos pretendo en esta novena. [Pedir aquí la gracia que se desea]  Mostrad, Santa gloriosa, la eficacia de vuestro patrocinio en procurar el buen despacho de mis peticiones. No atendáis a lo poco que yo merezco, sino a lo mucho que vos podéis. Favorecedme con aquella misma instancia con que pedíais al Señor el remedio de vuestra esterilidad. Por aquel gozo con que entendisteis ser vuestra oración oída, oíd ahora mis oraciones. Por aquella confianza y autoridad de madre de la que lo había de ser del mismo Dios, interceded ante vuestra hija santísima. ¿Qué le podéis vos pedir que no tenga buen despacho de parte de Ella? ¿Y qué memorial vuestro puede Ella presentar a su Hijo, vuestro Nieto Santísimo, a que Él no quiera convenir? ¡Qué falta, pues, gloriosa Santa Ana, sino que vos queráis interceder!, pues ¿para qué os hizo Dios tan poderosa sino para remedio de los atribulados que acuden a vuestro amparo? Valedme pues, Santa poderosísima, que en vos confío. Valedme para crédito de vuestro poder, para honra de vuestra Hija y de Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Nieto. Valedme para que vuestro nombre sea cada más conocido y acudan a vos todos aquellos que tanto necesitan de vuestro amparo. Bien sé que no merezco vuestro valimiento, pero será ilustre misericordia vuestra atender a mis súplicas sin haber en mí merecimiento. Y espero, que luego de ayudado por vuestra intercesión, os sepa vivir agradecido. Amén.

GOZOS PARA HONOR DE SANTA ANA   Dulce madre de María,
Amorosa protectora:
Ahora y en la última hora,
Sed, Ana, abogada mía
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   La Suprema Trinidad,La llena de bendiciones.Benditas las oraciones,Que alaban la gran bondad.Su amor encanta, enamora,Al que en su piedad confía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.   Ana, “Gracia” significa,Según enseña la Glosa;Su alma feliz y dichosaCon gracias Dios magnifica:Su Hija le es honradora,Tesoro, y Tesorería.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.  A María diste el ser,Y los naturales dones;Y buenas inclinacionesDe piadosa en proteger:De amorosa Defensora,Con ternura y melodía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.    En las Entrañas cerradaLlevaste a María rosa;Os dio Santidad hermosa,Como olor, flor ocultada:La diste leche, Señora,Tres años de noche y día.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.  Vuestra hija muy amada,En el templo presentaste.Con ella a Dios aplacaste,Y su justicia enojada.Tú serás mi bienhechora,Mi dulce bien y mi guía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.  Con sólo este don precioso,Ofrecisteis más a Dios,Su padre Joaquín y vos,Que todo justo glorioso.Más que todos atesora,Gracia y santidad María.Ahora y en la última hora,
Sed, Ana, abogada mía.
  Es Nieto Jesús querido,Es Joaquín amado Esposo,San José Yerno dichoso,Yo vuestro favorecido:Os alaba, y os veneraMi gratitud, Madre mía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.    A una leve insinuación,De su Madre Limosnera,María su TesoreraLo hace con admiración:Ahora que en el Cielo mora,¿Lo que pide negaría?Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.     Cuanto Santa Ana deseaA favor de sus amantes,Su Nieto Jesús cuanto antesDecreta luego: “Así sea”:Sednos vos la intercesora,Sed nuestra eterna alegría.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía. Santa Ana, por vuestro amor,Conseguidnos en la muerte,Gracia, paz y buena suerte,Por María, vos y el Señor.Pues sois la consoladora,En la última agonía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.  Tenedme siempre en memoria,En la celestial morada.Mi alma está enamorada,De vos que estáis en la gloria.Mi amor que suspira y llora,Quiere haceros compañía.Ahora y en la última hora,Sed, Ana, abogada mía.    
Dulce madre de María,
Amorosa protectora:
Ahora y en la última hora,
Sed, Ana, abogada mía
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℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.        ORACIÓNOmnipotente y misericordioso Dios, que proporcionando siempre a los hombres los medios de salvación y de consuelo, llenasteis de tanta gracia, dulzura y suavidad los nombres de Jesús, María y José, Joaquín y Ana, a favor de los que, por reverencia a tan soberanos nombres, los pidiesen el remedio de sus necesidades y consuelo en sus aflicciones: Os suplicamos rendidos que a todos los que con Fe, amor y devoción, invocaren tan augustos nombres, les concedáis en esta vida los dulces consuelos de tu divina gracia, y en la otra reciban el Cielo como premio. Por Cristo Señor Nuestro. Amén. 
  En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.