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La Vencedora de todas las batallas de Dios contra Satanás y el infierno

Existe una lucha apocalíptica contra la Iglesia, porque Satanás ha desencadenado el más terrible ataque contra ella, en su furia contra los testigos de Jesús y quienes guardan los mandamientos de Dios.

A causa de su orgullo Lucifer y sus seguidores tuvieron que abandonar para siempre el Cielo, como castigo, arribando al infierno donde ya no se puede amar a Dios. Tratan de hacernos caer a nosotros también, quieren apartarnos del Cielo, el cual, por su doble culpa en contra de Jesús y María, ellos han perdido para siempre.

Su odio a Jesús y a María, su enemistad imposible de abolir en contra del Salvador y de su Madre es por toda la eternidad.

La acción del diablo es la de engendrar la mentira y matar la vida divina en el hombre, tal cual lo hizo consigo mismo; hacerle la guerra durante toda su vida mortal.

«Es impresionante la avalancha de pecados, crímenes, iniquidades, que, desde 1917, han inundado cada vez más el mundo. No podría haber una demostración más clara de rechazo a la conversión.

Citemos una lista incompleta, y sólo a modo de ejemplo, de los males de nuestro tiempo: modas que tienden al nudismo; degradación del matrimonio; la casi extinción de la virginidad; estímulo de las relaciones sexuales precoces entre adolescentes; la abolición del pudor y del respeto en el lenguaje y en el trato con las personas; desprecio de los más jóvenes por los padres y los superiores; hijos que son abandonados o despreciados por los padres; educación sexual en las escuelas; multiplicación de los abortos y del uso de anticonceptivos parta evitar tener hijos; distribución gratuita de preservativos en lugares públicos; pecados contra la naturaleza que adquieren ciudadanía; publicidad que induce a la degeneración moral; uso de drogas extendido entre la juventud; criminalidad galopante, con la participación creciente de menores; banalización de atrocidades; homicidios y atentados terroristas; corrupción generalizada».1

Muchos nos preguntamos ¿es que es tan poderoso el demonio? ¿Aparece el diablo en nuestra vida en pleno siglo XXI? ¿Tiene tanto odio a las almas que las acosa con peligrosas tentaciones?

La Biblia es la historia de la bondad de Dios y de la maldad de Satanás en sus actuaciones con los hombres. Lo mismo aparece poseyendo a los cuerpos y almas delante de Jesús en vida mortal, que actualmente en la vida y en los hechos de tantísimos cristianos.

Y almas atacadas a fondo por Satanás, no saben o no pueden otra cosa que entregarse a Él mediante el pecado: Dios es expulsado del alma y Satanás queda como rey absoluto que inspirará los malos pensamientos, los malos deseos y las lamentables acciones.

Para las almas fuertemente perseguidas por el demonio San Luis María de Montfort posee una saludable medicina: la Verdadera Devoción a María. Satanás teme extremadamente a María Santísima: 1) porque es orgulloso y le duele enormemente que sea derrotado por una sencilla mujer; 2) porque Dios ha concedido tanto poder a la Virgen María, que los demonios tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de una persona, que a las oraciones de todos los santos; a una sola amenaza suya contra los demonios, más que a todos los tormentos; 3) en el Cielo, María ha conquistado con su humildad y sumisión a Dios, lo que Satanás perdió por su orgullo, autosuficiencia e independencia.

Grignion de Montfort, pisa fuerte. Acude a la Biblia. Le deleita la descripción de las promesas divinas después del pecado de origen que ocasionó la ruina de Adán y sus descendientes. El triunfo de Satanás no será absoluto, ya que anuncia a nuestro primer padre: Pondré enemistades entre la mujer y la serpiente; la descendencia de María. Luego fue el mismo Dios quien eligió a María para que se constituyera en la vengadora de la ruina de la humanidad.

Con su acostumbrada claridad enseña Montfort:

«Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De modo que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María… a quien dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgullo impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino en cierto modo más que al mismo Dios».2

Satanás es sutil, y se introduce de soslayo: en la imaginación creando figuras e imágenes de odio o de sensualidad; en el deseo, incitando a todo pecado desde el robo hasta la pereza: en la vida, tratando de apartarla del camino de la salvación que señala Jesús. Sólo quien no tenga fe o la tenga floja o débil, o que prefiere no pensar en Satanás porque así puede actuar libremente según sus pasiones, negará la exigencia y el poder del demonio.

El exorcista P. Gabriel Amorth dice:

«De acuerdo a la orden de Dios, los demonios de ninguna manera pueden ofender personalmente, calumniar, injuriar o maldecir a la Madre de Dios, a diferencia de nosotros los humanos, muchos así lo hacen en estos tiempos».

En efecto, si la Madre de Dios es llamada por los exorcistas, los demonios huyen de Ella porque no aguantan su presencia. Dios mismo nos la pone a disposición como punta de lanza en la lucha contra el infierno.

Durante el siglo XIX en las cercanías de Alsacia, en el pueblo llamado Illfurt vivían dos hermanos, Teobaldo (*1855) y José (*1857). En 1869 el sacerdote Karl Brey párroco de Illfurt comprobó que los dos estaban realmente poseídos. El obispo de Estrasburgo designó al padre Souquat como el exorcista para ambos posesos.

Después de una larga batalla éste tomó la estatua de la Madre de Dios en sus manos y dijo: Mira, la Santa Virgen. Te debe de volver a aplastar la cabeza. Te tiene que volver a marcar y escribirte el nombre de Jesús y María en el pecho para que te queme eternamente. En nombre del Santo Padre, del Papa, en nombre del Santísimo Sacramento. No le haces caso a la voz del sacerdote. Pero ahora Satanás, te lo ordena la Santa Madre de Dios, Ella te obliga a salir de aquí. Así que, espíritu impuro, retírate ante el semblante de la Inmaculada Concepción. Ella te ordena retirarte. El diablo contestó: ¿Por qué éste tiene que venir ahora con la gran Dama? Ahora me tengo que ir. Y se retorció una vez más como serpiente moribunda. Entonces se escuchó dentro del cuerpo poseído de Teobaldo un débil crujido. El joven se estiró y cayó como muerto. El demonio lo había abandonado.

Todos los presentes estaban estremecidos y a la vez agradecidos. Juntos rezaron el Te Deum, la letanía lauretana y la Salve Regina. En 1872 el padre Karl Brey hizo levantar un monumento en frente del domicilio (ya derribado) de los dos jóvenes, que hasta hoy día se encuentra en Illfurt con el epígrafe En eterno recuerdo de la liberación de los poseídos Teobaldo y José Burner, alcanzada por la intercesión de María, la Virgen Inmaculada, en el año 1869.

«La Divina Providencia confió a una Mujer el encargo de vencer al demonio. En el primer día tan funesto en que el demonio se introdujo en el mundo, Dios habló en el Paraíso Terrenal a la serpiente para decirle: Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya y tú permanecerás a la espera de su talón (Gen 3, 15). En otras palabras que el Mal tendría descendiente y simiente, pero que también los tendría el Bien y que el Mal sería derrotado a través de la Mujer. Ahora vivimos en la hora del demonio, pues si el bien tiene su día, el mal tiene su hora. Nuestro Señor le dijo a Judas la noche en que fue al Huerto de los Olivos: Esta es tu hora, el reinado de las tinieblas (Lc 22, 53).

Todo lo que el demonio puede hacer en su hora es apagar la luz del mundo. Si vivimos entonces en un tiempo en el que se le ha dado una larga cuerda al demonio, no podemos superar el espíritu de Satanás, si no es a través del poder de la Mujer, a la que Dios Todopoderoso le confió el encargo de aplastar la cabeza de la serpiente».

Germán Mazuelo-Leytón

fuente:adelantelafe.com