“En su agonía, es su dolor, es su soledad dijo muy claramente, ‘¿Por qué me has abandonado? Estaba tan terriblemente solo y abandonado y sufría tanto en la cruz… En este momento tan difícil proclamó: ‘tengo sed’… Y la gente pensó que tenía una sed ordinaria y le dieron inmediatamente vinagre; pero no era de eso de lo que tenía ser – era de nuestro amor, de nuestro afecto, de nuestro íntimo apego a él, y de compartir su pasión. Y es extraño que haya usado esa palabra. Dijo ‘Tengo sed’ en vez de ‘Dame tu amor’… La sed de Jesús en la Cruz no es imaginación. Fue una palabra, ‘Tengo sed’. Escuchémosle decírnosla a ti y a mí… Es realmente un don de Dios. “Si escuchas con tu corazón, oirás, entenderás… Hasta que ni conozcas en l más profundo que Jesús tiene sed de ti, no podrás comenzar a saber quién quiere ser él para ti. O quién quiere que seas tú para él”. “Sigue sus paso en busca de almas. Llévale a él y a su luz a los hogares de los pobres, especialmente a las almas más necesitadas. Esparce la caridad de su Corazón donde quiera que vayas y así sacia su sed por almas”.
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