En 1531, cuando ya estaba construida la Ermita del Tepeyac, se organizó una procesión para llevar la imagen de la Virgen de Guadalupe a su hogar. Una multitud de gente participó en la procesión. Un arquero, para lucirse, disparó una flecha al aire. La flecha fue a parar en la garganta de un hombre que cayó como muerto. Llevaron al hombre ante la imagen del la Virgen de Guadalupe y le sacaron la flecha. El hombre resucitó y se le sanaron las heridas.
fuente: angelesymilagros
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