Dios de vida,
hay días en que la carga nos desgasta los hombros y nos sentimos agotados;
en que el camino parece monótono e interminable,
y el cielo, gris y amenazante;
en que nuestra vida carece de música,
nuestro corazón está solo y nuestra alma ha perdido su arrojo.
Inunda el camino con tu luz, te suplicamos;
dirige nuestra mirada a donde el cielo está lleno de promesas.
Por san Agustín
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