“Queridos hijos, mientras miro vuestros corazones, el mío se llena de dolor y se estremece. Hijos míos, deteneos por un momento y mirad en vuestros corazones. ¿Está mi Hijo, vuestro Dios, verdaderamen- te en el primer lugar? ¿Son sus leyes verda- deramente la medida de vuestras vidas? Nuevamente os advierto: sin fe no hay cer- canía a Dios, no está presente la Palabra de Dios que es la luz de la salvación y la luz del buen sentido. ”
Agradecemos a la Virgen y seguimos sus palabras con devoción al Espíritu Santo y orando la Salve.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
Salve, Regina, Mater misericordiae,
vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules filii Hevae,
ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, advocata nostra, illos tuos
misericordes oculos ad nos converte.
Et Jesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis, post hoc exsilium, ostende.
Un Santa Día a todo bajo la Luz de Cristo y la Luz de Maria
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