“¡Os necesito! ¡Os estoy llamando! ¡Necesito vuestra ayuda! Reconciliaos con vosotros mismos, con Dios, con vuestro prójimo. De ese modo me ayudaréis. Sed instrumentos de conversión para los que no creen. ¡Enjugad las lágrimas de mi rostro!”
¿Qué tiene que decirnos hoy la Reina de la Paz?
“¡Os necesito! ¡Os estoy llamando! ¡Necesito vuestra ayuda! Reconciliaos con vosotros mismos, con Dios, con vuestro prójimo. De ese modo me ayudaréis. Sed instrumentos de conversión para los que no creen. ¡Enjugad las lágrimas de mi rostro!”
Agradecemos a la Virgen y seguimos sus palabras con devoción al Espíritu Santo y orando la Salve.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lagrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y despues de este destierro, muestranos a Jesus,
Salve, Regina, Mater misericordiae,
vita, dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules filii Hevae,
ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.
Eia ergo, advocata nostra, illos tuos
Un Santo Día a todo bajo la Luz de Cristo y la Luz de Maria
Al reflexionar sobre los Magos, el Papa Francisco nos invita a no considerarlos figuras lejanas… Read More
Entre las enseñanzas más incisivas de Jesucristo, esta frase ocupa un lugar central. Es breve,… Read More
En su magisterio pastoral, Juan Pablo II insistió con fuerza en un punto a menudo… Read More
Juan Pablo II nos enseña que hay momentos de la historia personal y colectiva en… Read More
El amor de Nuestro Señor se revela tanto en el alma más sencilla, que no… Read More
Una humilde imagen custodiada con cuidado esconde una de las historias más sorprendentes de la… Read More