Oh San Silvestre, gran luchador en defensa de la fe y de los humildes, has derrochado a los infieles seguidores de los dioses paganos, has ganado las batallas contra los moros y contra los del Islam, has herido y ablandado tu corazón condenado, que en vida domaste serpientes venenosas, pitones y voladoras, sé mi pastor.
San Silvestre, protégeme de los peligros y defiéndeme con fe, líbrame de las insinuaciones de los enemigos que conspiran contra mí en la sombra, en la oscuridad, con tu poder, todos ellos vendrán a pedirme perdón.
Por la gloria de la luz. Por la fuerza de las aguas. Por la pureza del fuego. Por ímpetu del aire. Que así sea, que así sea.
Amén.
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