Artesano y trabajador,
oh humildísimo José,
las clases obreras debieran mirarte
como especial patrón y modelo suyo
las clases trabajadoras de nuestros días.
Como ellas ganaste pan con el sudor de tu frente,
y endureciste las manos manejando la tosca herramienta.
Las muchedumbres obreras de hoy
desdeñan mirarse en ti,
por seguir siniestros ideales
con que trastornan su cabeza mentirosos redentores.
Por ellas y por su suerte,
y por la eficaz restauración de sus derechos en Cristo se interesa,
más que la Liberación embustera,
la Iglesia de Dios.
Ruega, Santo obrero,
por esas clases desheredadas
¡ay! En tu Hijo,
de las esperanzas del cielo
y de los consuelos de la resignación.
Pide por ellas a Jesús,
tu compañero de taller,
gloriosísimo San José.
Amén.
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