La Santísima Virgen nos ayuda a salir de la desesperación
Sí, es cierto que en este momento estamos viviendo un período de gran incertidumbre y dificultad. Muchos de nosotros enfrentamos desafíos personales, espirituales y profesionales, y puede ser fácil sentirse desesperado o desanimado.
Sin embargo, es importante recordar que no estamos solos en este momento difícil y que hay formas de enfrentar los desafíos que se nos presentan. Una de las cosas más importantes que podemos hacer es apoyarnos unos a otros y ayudar a otros en nuestras áreas de especialización. También podemos buscar apoyo profesional si sentimos que necesitamos ayuda adicional para hacer frente a nuestras dificultades.
También puede ser útil recordar que las dificultades y los desafíos son una parte normal de la vida y que, si bien pueden ser difíciles, podemos aprender y crecer a través de ellos.
En los momentos oscuros o de desesperación, el creyente puede contar con la ayuda de su Madre, la Virgen María.
Santísima Virgen María, Madre que nunca abandonaste a un niño que clama por ayuda,
Santísima Madre cuyas manos trabajan incansablemente por sus amados hijos,
porque son impulsados por el amor divino y por la misericordia infinita que brota de vuestro corazón.
Vuelve a mí tu mirada compasiva.
Mira los “nudos” de mi vida.
En Medjugorje la curación es una palabra en el orden del día y son muchas las gracias recibidas después de la confesión y la comunión, hechas en gracia de Dios.
La Gospa ha dicho también claramente cómo salir de la desesperación: ‘Deseo salvaros de la inquietud, permitidme que os guíe!’. La Virgen pide a cada uno de nosotros la posibilidad de hacer entrar en nuestra vida su amor y el de Su Hijo, Jesucristo.
“Queridos hijos, con amor materno yo os pido: entregadme vuestras manos, permitid que yo os guie. Yo, como Madre, deseo salvaros de la inquietud, de la desesperación y del exilio eterno. Mi Hijo, con su muerte en la cruz, ha demostrado cuanto os ama, se ha sacrificado a sí mismo por vosotros y por vuestros pecados. No rechacéis su sacrificio y no renovéis sus sufrimientos con vuestros pecados. No os cerréis a vosotros mismos la puerta del Paraíso. Hijos míos, no perdáis tiempo. Nada es más importante que la unidad en mi Hijo. Yo os ayudaré, porque el Padre Celestial me envía, para que juntos podamos mostrar el camino de la gracia y de la salvación a cuantos no Lo conocen. No seáis duros de corazón. Confiad en mí y adorad a mi Hijo. Hijos míos, no podéis estar sin pastores, que cada día estén en vuestras oraciones. ¡Os doy las gracias! ”
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