El Viernes Santo es el día de la “Pasión” de Cristo, en el que se conmemoran todos los dolorosos acontecimientos que sucedieron hasta su muerte en la cruz; es el segundo día del Triduo Pascual.
En este día y en el siguiente, la Iglesia, por tradición muy antigua, no celebra la Eucaristía; el altar está completamente desnudo: ni cruz, ni candelabros, ni manteles.
“Oh Dios, tu hijo, Jesucristo, señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén”.
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