Señor, por fin te he hallado,
cansado de buscarte e ir a tientas.
Y es que estabas en el sitio en cruz marcado
que indica tu presencia, amor y seña.
¡Cuánto cuesta pensar que lo has pensado!
¡Cuánto cuesta no esquivar la Cruz al verla!
cuando en verdad, clavado das tu abrazo
a todo el que va detrás de ti con ella a cuestas.
¡Cuánto sabes convertir en día apropiado
el día en que se cruzan las vidas y las pruebas!
¡Cuánto sabes que solo, habría dejado
mi vida sin probar o mi prueba sin vivencia!
Hoy que llego atraído por tu voz y tu callado
que me dice: “tomen mi yugo; mi carga así es ligera”,
te pido que no dejes de mirarme allí a tu lado
qué suave es mi cruz… si te recuestas.
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