Ven, o María, y la decencia de vivir en esta casa. Como ya a tu Corazón Inmaculado fue consagrada a la iglesia y todo el género humano, así que nosotros, en perpetuo, encomendamos y a consagrar a tu corazón inmaculado nuestra familia. Tú que eres madre de la divina gracia ottienici de vivir siempre en la gracia de dios y en paz entre nosotros.
Quédate con nosotros; te acogemos con corazón de hijos, indignos, pero deseosos de ser siempre tus, en vida, en muerte y en la eternidad. Quédate con nosotros como abitasti en la casa de Zacarías y de Elizabeth; cómo fuiste alegría en la casa de los esposos de cana; cómo fuiste madre por el apóstol Juan. Llévanos jesucristo, via, verdad y vida. Aleja de nosotros el pecado y cada mal.
En esta casa sé madre de gracia, maestra y regina. Despensa a cada uno de nosotros las gracias espirituales y materiales que necesitamos; especialmente intensifica tu fe, la esperanza, la caridad. Suscita entre nuestros seres queridos santas vocaciones.
Sé siempre con nosotros, en las alegrías y las penas, y, sobre todo, hace que un días todos los miembros de esta familia se encuentren contigo unidos en el paraíso.
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