Santa Teresa de Lisieux: el camino hacia lo eternoEn un contexto marcado por la represión y el exilio forzado de numerosos religiosos, mons. Silvio José Báez relata su experiencia y el reciente encuentro con el Papa León XIV, que define como un signo de esperanza para la Iglesia perseguida en Nicaragua.
Como informa la agencia Sir, mons. Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, en 2019 fue el primer prelado obligado a abandonar Nicaragua, por indicación directa del Papa Francisco, a causa de las graves dificultades. Desde entonces, otros obispos han corrido la misma suerte: mons. Rolando Álvarez de Matagalpa, mons. Isidoro Mora de Siuna y mons. Carlos Herrera de Jinotega. Según el último informe “Nicaragua: Una Iglesia perseguida” de la activista Martha Patricia Molina, desde 2018 se registran 1.010 episodios de agresión contra la Iglesia, la expulsión de 302 líderes religiosos, el robo de 36 propiedades y la prohibición de más de 16 mil procesiones.
Tras casi tres años de silencio público, mons. Báez concedió una nueva entrevista después de la audiencia con el Papa León XIV, realizada junto a otros obispos nicaragüenses en el exilio. Definió el encuentro como “profundamente alentador”, subrayando la sensibilidad del Pontífice por la situación del país y su cercanía como “una luz de esperanza” para el pueblo y los pastores perseguidos.
El Papa lo confirmó en su cargo de obispo auxiliar de Managua, un gesto que Báez interpreta como signo de confianza y responsabilidad: “Estar lejos no significa estar ausente – explicó – se está donde se tiene el corazón”.
El prelado continúa sirviendo a la comunidad nicaragüense a través de diversos medios: la oración diaria, el acompañamiento espiritual de sacerdotes y laicos en el exilio, encuentros virtuales y la celebración dominical en la parroquia de Santa Ágata en Miami, transmitida también por redes sociales. La distancia, afirma, se convierte en ocasión de creatividad pastoral, no en un obstáculo para el servicio.
En el Año Jubilar, mons. Báez recuerda que la esperanza cristiana no es simple optimismo, sino la certeza de que “Dios camina con nosotros incluso en la noche más oscura”. Recuerda también la Carta del Papa Francisco a Nicaragua (diciembre de 2024), donde pide confiar en el cuidado y la misericordia de Dios, incluso en los momentos más difíciles.
Para los nicaragüenses, ser testigos de esperanza significa comprometerse a construir caminos de diálogo, libertad y fraternidad. Son pasos que anticipan la nueva sociedad con la que el pueblo sueña.
El apoyo de la comunidad internacional, en particular de la Iglesia italiana, es para mons. Báez un factor decisivo. Cada gesto, cada oración y cada testimonio de cercanía ayudan a no sentirse solos. “Soñamos con un país en el que nadie se sienta excluido o perseguido por su manera de pensar”, afirmó.
El obispo hizo un llamado a los católicos italianos: no olvidar a Nicaragua, rezar por su pueblo y acoger a los exiliados. También pidió dar visibilidad a las violencias sufridas, para que la comunidad internacional no aparte la mirada de esta grave crisis religiosa y social.
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