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Evangelio del día, 2 de noviembre: la vida eterna

En el corazón del día de los difuntos, el Evangelio del día del 2 de noviembre nos habla de vida, de luz, de un amor que no conoce fin. Jesús nos ofrece una certeza que consuela cada lágrima: quien cree en Él no se perderá, sino que resucitará a la vida eterna.

Evangelio del día, 2 de noviembre – LaluzdeMaria

En el Evangelio de Juan, Jesús revela el centro del misterio cristiano: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado”. Lo que muestra el Evangelio del día del 2 de noviembre es una promesa que vence a la muerte, un abrazo que nunca se rompe. Dios no abandona a nadie, ni siquiera cuando todo parece terminar. En la voz del Hijo se escucha el latido del Padre: un amor que reúne, que custodia, que espera.

Evangelio del día, 2 de noviembre: la fe que abre a la vida eterna

Del Evangelio según San Juan

Jn 6,37-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que venga a mí, no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día».

“Todo el que ve al Hijo y cree en Él tiene vida eterna.” No es solo una perspectiva futura, sino una realidad que comienza ya aquí, en el presente. Creer en Jesús es entrar en una relación que transforma. La fe nos permite ver la vida eterna incluso en la fragilidad de la vida terrenal. Aun en medio del dolor, el creyente reconoce una luz que nunca se apaga.

La resurrección: promesa y cumplimiento

Jesús habla con ternura y firmeza: “Yo lo resucitaré en el último día.”
No es solo un símbolo, sino una certeza: la vida no acaba en la oscuridad de la tumba. Cada persona amada, cada vida rota, cada lágrima custodiada por Dios encontrará cumplimiento en esta promesa. Es la esperanza cristiana la que hoy nos consuela: la muerte no es la última palabra, sino el paso hacia la plenitud del amor.

El día de los difuntos: memoria y confianza

Hoy recordamos a nuestros seres queridos, pero no con una mirada desesperada. Los confiamos a ese Jesús que “no echa fuera a nadie” y que nos invita a creer que todo amor verdadero es eterno. Rezar por los difuntos significa seguir queriendo su bien, creyendo que están en las manos de Aquel que los creó para la vida, no para la muerte.

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Published by
Fabio Amicosante

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