Medjugorje: ¿que esconden las manos de la Virgen?

Nuestra Señora nos habla todos los días desde Medjugorje. ¿Qué nos quieres decir hoy? Un estímulo, una exhortación, una corrección amorosa para nuestra vida.

Medjugorje

La Virgen María apareció en muchos lugares de la Tierra y en muchas épocas históricas, siempre subrayando el objetivo último de su llegada, que es la conversión auténtica de nuestros corazones, y advirtiendo que el tiempo de su cuidado terminaría, tarde o temprano.

En Medjugorje, en particular, María confió, y confía, a los videntes innumerables mensajes, que nos invitan a tomar a su Hijo Jesucristo como ejemplo y a seguir siempre sus pasos, sus enseñanzas.

María dice: “Ámense los unos a los otros”

Medjugorje: Mensaje, 2 de octubre de 2014 – Aparición a Mirjana

“Queridos hijos, con amor materno os ruego: amaos los unos a los otros. Que en vuestros corazones esté siempre, como mi Hijo ha querido desde el principio: en el primer lugar, el amor hacia el Padre Celestial y hacia vuestro prójimo, por encima de todo lo terrenal. Queridos hijos míos, ¿es que no reconocéis los signos de los tiempos? ¿es que no os dais cuenta de que todo eso que está en torno a vosotros —lo que está sucediendo—, es porque no hay amor? Comprended que la salvación está en los verdaderos valores. Aceptad el poder del Padre Celestial, amadlo y respetadlo. Encaminaos y seguid los pasos de mi Hijo. Vosotros, hijos míos, apóstoles míos queridos, siempre os reunís de nuevo en torno a mí, porque estáis sedientos. Estáis sedientos de paz, de amor y de felicidad. Bebed de mis manos. Mis manos os ofrecen a mi Hijo, que es manantial de agua pura. Él reavivará vuestra fe y purificará vuestros corazones, porque mi Hijo ama los corazones puros y los corazones puros aman a mi Hijo. Solo los corazones puros son humildes y tienen una fe pura. Os pido esos corazones. Hijos míos, mi Hijo me dijo que yo era la Madre de toda la Humanidad. A vosotros, que me aceptáis como tal, os pido que me ayudéis con vuestra vida, oración y sacrificio, para que todos mis hijos me acepten como Madre, para que yo los pueda conducir al manantial de agua pura. Os doy las gracias. Queridos hijos míos, mientras vuestros pastores, con sus manos benditas, os ofrecen el Cuerpo de mi Hijo, dad gracias siempre en vuestro corazón a mi Hijo por su Sacrificio y por los pastores que os lo dan a vosotros siempre de nuevo. ”

La Reina de la Paz nos ofrece sus manos, porque podemos agarrarlas y sentir el toque del cielo. Nos habla del amor que debemos sentir por Dios y por su Hijo Jesús, para que Él sea el emblema de lo que sentimos por los demás y se extienda por la tierra. Amar a los demás, en Cristo, es indispensable para cultivar un corazón puro y lleno de fe, un corazón que sepa cambiar, de acuerdo con el mandato del Señor, y reconocer en el próximo la señal del Creador.

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