San Jenaro, patrono de Nápoles, fue Obispo de Benevento.
Durante la persecución contra los cristianos fue hecho prisionero junto a sus compañeros y sometido a terribles torturas. Un día, él y sus amigos fueron arrojados a los leones, pero las bestias sólo rugieron sin acercárseles.
Entonces fueron tildados de usar magia y condenados a morir decapitados cerca de Pozzuoli, donde también fueron enterrados. Esto sucedió aproximadamente en el año 305.
Las reliquias de San Jenaro fueron trasladadas a diferentes lugares hasta que finalmente llegaron a Nápoles en 1497.
Glorioso San Genaro, valiente atleta de la fe de Cristo, que diste tu vida para defenderla y recibiste la corona del martirio. Sálvanos de los peligros que pueden matar no solo el cuerpo sino también el alma.
Con tu milagro de la licuación de tu sangre eres signo seguro y elocuente de que estás entre nosotros y conoces nuestras necesidades.
Ruega por nosotros que recurrimos a ti seguros de ser atendidos y líbranos de todo mal. Sálvanos de la invasión de incredulidad y haz que aquella fe por la cual sacrificaste tu vida, produzca siempre en medio de nosotros frutos de obras santas.
Milagroso San Genaro haz un milagro en mi alma necesitada de luz y verdad.
San Genaro Ruega por nosotros!
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