Juan Pablo II y el coraje: la lección del Santo

Juan Pablo II nos enseña que hay momentos de la historia personal y colectiva en los que la fuerza ya no basta. Es entonces cuando un camino silencioso, a menudo subestimado, se revela decisivo: el perdón.

Juan Pablo II
Juan Pablo II (Ansa photo)

El pensamiento de Juan Pablo II sobre el perdón no es abstracto ni ingenuo. Cuando afirma que pedir y otorgar perdón es un camino profundamente digno del hombre, habla como pastor que ha conocido el peso de la historia, de las guerras, de las ideologías violentas y de las heridas personales. Para él, el perdón no es una debilidad moral, sino una elección elevada y exigente, que pone en juego toda la responsabilidad del ser humano.

Juan Pablo II: la dignidad del hombre pasa por el corazón

Según Juan Pablo II, la dignidad del hombre no se mide solo en la capacidad de defenderse o de reivindicar sus propios derechos, sino sobre todo en la libertad interior de no dejarse dominar por el odio. Pedir perdón requiere humildad; otorgarlo exige una fuerza aún mayor. Ambos actos afirman que el hombre no es esclavo del mal sufrido ni prisionero de sus propias culpas.

Odios antiguos, heridas que atraviesan las generaciones

El Papa conocía bien el peso de los odios antiguos y violentos: conflictos étnicos, religiosos y políticos que se transmiten como herencias envenenadas. En estos contextos, la venganza parece a menudo la única respuesta posible. Sin embargo, Juan Pablo II invierte esta lógica: precisamente cuando el odio parece invencible, el perdón se convierte en la única vía de salida real, porque rompe la cadena de la violencia en lugar de alimentarla.

El perdón no anula la justicia

Un punto esencial de su pensamiento es que perdonar no significa negar el mal ni renunciar a la justicia. El perdón no es amnesia ni complicidad. Es más bien la elección de no permitir que la injusticia sufrida defina para siempre el futuro. La verdad debe ser reconocida, la responsabilidad afrontada, pero sin transformar el dolor en rencor permanente.

Un acto personal con efectos colectivos

Para Juan Pablo II, el perdón tiene siempre una dimensión social. Un gesto realizado en el secreto del corazón puede abrir caminos nuevos en la familia, en la comunidad, incluso entre los pueblos. La paz, según el Papa, no nace de tratados firmados bajo presión, sino de corazones reconciliados, capaces de mirar al otro no solo como culpable, sino como hombre.

Juan Pablo II : la única vía cuando todo parece perdido

Cuando el Papa afirma que el perdón es a veces la única vía, reconoce una verdad incómoda: hay situaciones en las que ninguna estrategia humana parece funcionar. En esos momentos, perdonar no es una solución fácil, sino la única que salva al hombre de la destrucción interior. Es un acto que no cambia inmediatamente la historia, pero cambia radicalmente a quien lo realiza. En un mundo marcado por polarizaciones, conflictos y memorias heridas, el pensamiento de Juan Pablo II sigue siendo provocador. Pedir y otorgar perdón no es un gesto del pasado, sino una elección urgente, capaz de devolver al hombre su dignidad más profunda: la de ser libre para amar incluso cuando sería más fácil odiar.

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