Jesús: les enseño la regla que cambia el mundo

Entre las enseñanzas más incisivas de Jesucristo, esta frase ocupa un lugar central. Es breve, inmediata, casi desarmante en su sencillez. Y, sin embargo, encierra una visión del ser humano y de las relaciones humanas de una profundidad extraordinaria.

Jesús
Jesús – LaluzdeMaria

Cuando Jesús afirma que esta regla es “la Ley y los Profetas”, declara que toda la revelación bíblica encuentra aquí su síntesis. No anula el pasado, sino que lo lleva a su plenitud. La voluntad de Dios no se expresa en una suma de preceptos fríos, sino en relaciones justas, fundadas en el amor y en la responsabilidad recíproca. Vivir según esta palabra significa entrar en el corazón mismo de la fe.

Ponerse en el lugar del otro: la enseñanza de Jesús

El criterio indicado por Jesús no parte del otro, sino de nosotros mismos: “lo que quieren que los hombres hagan con ustedes”. Todos conocen el deseo de ser respetados, escuchados, perdonados. Jesús pide transformar este deseo en la medida de nuestras acciones. El otro ya no es un obstáculo ni un medio, sino un rostro que reconocer, una vida que custodiar.

Más allá de la lógica del intercambio

Esta enseñanza rompe la lógica del “dar para recibir”. No se trata de responder al bien con el bien y al mal con el mal, sino de elegir el bien incluso cuando no conviene. Es una propuesta exigente, que no ignora el dolor ni la injusticia, pero que se niega a dejar que el mal tenga la última palabra. Así, la libertad del ser humano no queda prisionera de las heridas recibidas.

Jesús: una fe que pasa por las relaciones

Jesús une de manera inseparable la relación con Dios y la relación con los demás. No existe una espiritualidad auténtica que ignore la concreción de la vida cotidiana. La forma en que hablamos, juzgamos, acogemos o excluimos se convierte en el lugar donde la fe se hace visible. Amar a Dios significa aprender a tratar al otro como quisiéramos ser tratados nosotros.

Una regla para la vida social

Esta palabra no se refiere solo al ámbito privado. Aplicada a la familia, al trabajo, a la escuela, a la política, se convierte en un principio capaz de transformar la convivencia humana. Preguntarse cómo nos gustaría ser tratados si estuviéramos en el lugar del otro cambia la manera de ejercer el poder, de afrontar los conflictos, de mirar a los más frágiles.

Un estilo de vida que libera

En conclusión, la enseñanza de Jesús no es una moral abstracta, sino un estilo de vida concreto. Invita a salir del egoísmo para construir relaciones basadas en la dignidad y en la responsabilidad. Es un camino exigente, pero liberador, porque devuelve al ser humano su vocación más auténtica: convertirse, para los demás, en aquello mismo que él desea recibir.

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