El Evangelio del día del 13 de noviembre nos habla del Reino de Dios, una realidad que no se manifiesta con estrépito, sino que se revela en el silencio del corazón. Jesús nos invita a reconocerlo no como algo lejano, sino como una presencia viva que ya está entre nosotros.

Cuando los fariseos preguntan a Jesús cuándo vendrá el Reino de Dios, Él responde con palabras que desconciertan: “El Reino de Dios no viene de manera que llame la atención… el Reino de Dios está entre ustedes.” No es un acontecimiento espectacular, ni un poder terrenal. La enseñanza del Evangelio del día del 13 de noviembre es clara: la presencia de Dios ya habita entre los hombres; es un Reino que crece silenciosamente en quien acoge su palabra, en quien ama, perdona y sirve con humildad. Jesús nos libera de la ansiedad de la espera: no debemos buscar señales extraordinarias, porque el Reino ya está aquí, en la vida que se abre al bien y a la gracia.
Evangelio del día, 13 de noviembre: la espera del Hijo del hombre
Del Evangelio según San Lucas
Lc 17,20-25
En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús: «¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?». Él les respondió: «El Reino de Dios no viene de manera que llame la atención; y nadie dirá: “Está aquí”, o “Está allá”. Porque, miren, el Reino de Dios está entre ustedes». Después dijo a los discípulos: «Vendrán días en los que desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo verán. Les dirán: “Está allá”, o “Está aquí”; no vayan, no los sigan. Porque como el relámpago, que brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes es necesario que sufra mucho y sea rechazado por esta generación».
Luego Jesús se dirige a los discípulos y habla del tiempo en que “desearán ver aunque sea uno solo de los días del Hijo del hombre”. Son palabras que tocan la nostalgia del corazón humano: la nostalgia de la presencia de Dios. Pero también es un llamado a la fe que debe saber esperar, creer y perseverar incluso cuando el Señor parece ausente. No hay que seguir a falsos profetas ni a señales aparentes. Cuando Cristo regrese, será como el relámpago que ilumina el cielo: repentino, luminoso, inconfundible. No harán falta anuncios ni demostraciones, porque todos reconocerán su venida.
El camino de la cruz antes de la gloria
Jesús concluye con una verdad que a menudo olvidamos: “Primero es necesario que Él sufra mucho y sea rechazado por esta generación.” El Reino de Dios pasa por la cruz. No se construye con la fuerza, sino con el amor que acepta entregarse por completo. El rechazo de Cristo no es solo un hecho histórico, sino que se renueva cada vez que cerramos el corazón a la verdad, a la justicia, a la misericordia. Y, sin embargo, precisamente de ese rechazo nace la salvación. El sufrimiento de Jesús no apaga la luz del Reino: la hace resplandecer en el mundo.
Vivir hoy el Reino
El Reino de Dios ya está entre nosotros, pero espera florecer en nuestros gestos cotidianos. Está en el perdón que rompe el rencor, en la paz construida con humildad, en la esperanza que no se rinde. Reconocerlo significa aprender a mirar con ojos nuevos: no hacia el cielo buscando señales, sino en el rostro del hermano, donde Dios continúa haciéndose cercano.
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